El Mojón de Maqui Belisario Abelardo Venegas Muñoz, Los Vilos – Chile
Edición Nº 770 - Año XIV del 06 al 12 de Agosto del 2010
-¿Quieren que les cuente, porqué me salió tan re´negro este cabro?
Mi madre no perdía ocasión de hacer reír a sus visitas, contando detalles que a nadie le interesaban, pero, que ella utilizaba con el sano fin de divertir, sin darse cuenta que cada palabra suya, era para mi como una patá en los que te dije. El que contara a su manera los pormenores de mi origen, era una traición a nuestra intimidad de familia.
Disfrutaba una barbaridad co Monta la paz en el paisaje de tu existencia cotidiana ntando, una y otra vez, la misma cantinela. Lo único que variaba era el auditorio. Con un castellano chamullado, mitad campesino, mitad urbano, lograba concitar el interés de los presentes.
- Cuando tenía como seis meses, me vino un antojo terrible de comer picarones y mi viejo, que me daba el gusto en to´ito, llamó a mi comaire Tencha y le pidió que lo ayudara con la masa. Cuando ya estuvieron listos, mi viejito me preguntó si los quería pasa´os, o así no más. Yo le respondí, que me gustaban con chancaca a lo que la Tencha me aconsejó diciendo: - Mire comaire, no es que yo sea metí´a, pero, si usté come picarones con chancaca, de seguro que la cría le sale como mojón de maqui. ¡Putas que tenía razón mi comaire Tencha! Ahí lo tienen, puh.
Cuando se percataba de mi desasosiego y como para arreglarla, agregaba:
- Pero, no me arrepiento, porque, ¡putas que me salió encachao el Mojón de Maqui! Lindo mi negrito. ¡Venga pa´onde su viejita que lo quiere más que la chacho! Cuando sea un hombre grande mijito, se lo van a peliar las chiquillas.
Ahí recién levantaba yo la cabeza, sonriendo tímidamente. Poco a poco, sentía como el amor hacia mi progenitora retornaba lentamente y en un, dos por tres, pasaba de ser el Mojón de Maqui a, ¡Putas el moreno pa´dije!, pero, ¡si es igualito al caballero!.
Cuando alguien decía la frase mágica y me ponía al nivel de mi viejo, desaparecía toda mi humillación y en un abrir y cerrar de ojos, aquellos a quienes deseaba que se los tragara la tierra, se convertían por arte de magia en personas requete contra agradables y ya no sentía el más mínimo interés, de convertir a mi madre en sapo.
¿Qué habrá sido de mi vieja? No me atrevería a asegurar que está en el cielo, porque, lo que es yo, ¡no meto las manos al fuego por nadie!. Donde esté, lo más seguro es que está contando la historia del Mojón de Maqui. Se los doy firmado.













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